Entradilla. La regularizacion extraordinaria que el Gobierno vende como fontaneria social acaba de encontrarse con una puerta giratoria de toga, sello y bandera azul con estrellas. El Tribunal Supremo no ha tumbado nada, pero ha preguntado a las partes si conviene llamar al Tribunal de Justicia de la Union Europea. Y cuando en politica espanola alguien pregunta «solo por aclarar», normalmente ya hay media legislatura buscando el casco.
El papel que queria ser solucion y ahora es expediente
El asunto es sencillo de contar y bastante menos sencillo de gestionar: el Gobierno de Pedro Sanchez puso en marcha una regularizacion extraordinaria con la que, segun las cifras que citan las portadas, pueden verse afectados mas de un millon de expedientes o solicitudes. Para Moncloa, esto es ordenar una realidad que ya existe. Para la oposicion, es otro capitulo de ese genero tan nacional que podria titularse «hagamos una politica publica y ya veremos donde cae el techo».
La novedad de la manana es que el Supremo ha abierto la puerta a consultar a Luxemburgo si la medida encaja con las normas europeas. No es una sentencia definitiva, ni una anulacion, ni el boton rojo que algunos titulares desearian pulsar con las dos manos. Es, juridicamente, un movimiento previo: se escucha a las partes y se valora si procede plantear una cuestion prejudicial ante el TJUE. Politicamente, claro, eso ya basta para montar una romeria con argumentarios.
Europa, ese senor que siempre aparece al final de la fiesta
La gracia del asunto es que la politica espanola adora invocar Europa como si fuera un ambientador institucional: queda bien, huele a seriedad y tapa bastante humo. Hasta que Europa deja de ser decorado y se convierte en arbitro. Entonces todo el mundo descubre, con cara de examen sorpresa, que las directivas, los reglamentos y la jurisprudencia no eran atrezzo para ruedas de prensa.
En este caso, la pregunta de fondo es si una regularizacion de esta escala puede chocar con el marco comunitario. El Gobierno defendra que actua dentro de sus competencias y que intenta dar salida administrativa a personas que ya estan aqui, trabajan o aspiran a hacerlo y viven en esa dimension burocratica donde uno existe para Hacienda, para el alquiler y para el supermercado, pero no siempre para los papeles. Sus criticos replicaran que una decision asi tiene efecto llamada, coste publico y consecuencias politicas que no caben en una nota de prensa con verbo solidario.
La batalla real: papeles, votos y relato
Lo importante no es solo el expediente juridico. Es el relato. Porque la inmigracion, en cuanto entra en campana, deja de ser una politica compleja y se convierte en una maquina tragaperras de titulares: metes una frase dura, tiras de la palanca y esperas que salgan votos. PP y Vox tienen aqui municion evidente. El Gobierno, en cambio, intentara vender gestion, derechos y normalizacion. Y en medio quedan los afectados, que son los que menos salen en los debates y los que mas pagan la demora cuando la administracion se pone solemne.
La regularizacion toca nervios muy concretos: mercado laboral, servicios publicos, fronteras, convivencia, demografia y ese miedo tan rentable a que el vecino reciba algo antes que uno. Tambien toca una contradiccion espanola de manual: necesitamos trabajadores, nos inquieta decirlo en voz alta y luego fingimos sorpresa cuando aparecen personas dispuestas a trabajar pero atrapadas en la ruleta del permiso.
Moncloa gana tiempo, la oposicion gana cartel
Para Sanchez, el calendario es un viejo conocido con navaja. Si el asunto se judicializa mas, Moncloa podra decir que espera a Europa, que respeta los tribunales y que la derecha sobreactua. Si Luxemburgo acaba poniendo limites, la oposicion tendra una pancarta estupenda: «se lo dijimos». Y si la medida pasa el filtro, el Gobierno presumira de valentia administrativa, aunque para entonces el debate ya habra dejado varias capas de pintura en la pared.
La politica matinal viene servida con cafe fuerte: una regularizacion que queria cerrar carpetas acaba de abrir una carpeta europea. No hay veredicto final, pero si un mensaje claro: cuando una decision afecta a cientos de miles de vidas y a media arquitectura legal, no basta con el titular amable ni con el portazo indignado. Hace falta derecho, gestion y algo rarismo en Espana: hablar de inmigracion como adultos, aunque solo sea por probar la experiencia.