PEDRO SÁNCHEZ: ¿CODICIA, TERQUEDAD, O AMBAS COSAS?

Pedro Sánchez, tiene la habilidad de irritarme más que Quim Torra, y eso es mucho decir. Uno y otro se las arreglan para ignorar en sus ecuaciones la voluntad y hasta la existencia de gran parte de los ciudadanos que no sintonizan con sus políticas y pretensiones. El caso de Torra obedece seguramente a un trastorno que estoy seguro llevará su nombre una vez haya sido estudiado en toda su magnitud. Pedro Sánchez sin embargo no es Quim Torra, no parece sufrir tan dimensionado trastorno de la mente y el espíritu como los que muestra sin pudor el poco “Honorable President”.

Pedro Sánchez sabe lo que está mal, creo que hasta comprende las terribles consecuencias de sus errores, o al menos parecía saberlo cuando forzó una nuevas elecciones con la pretensión de no verse obligado a pactar con Unidas podemos y los periféricos anti-constitucionalistas que estaban y están al acecho. Con Sánchez siempre ha sido igual. Tras intentar lo correcto con aparente convicción, termina sucumbiendo a su ambición y claudicando ante aquellos que puedan satisfacerla aunque sea al precio de traicionar los intereses de la sociedad española que insiste en comandar. Defiende una cosa y la contraria sin transición que lo justifique. Así sucedió con su declarada certidumbre cuando afirmó que lo que había sucedido en Cataluña era sin ninguna duda un golpe de estado, defendiendo poco después y por conveniencia lo contrario.

Pedro Sánchez es lo peor que nos pudiera pasar en un momento en que los declarados enemigos de nuestra Constitución muestran gran habilidad para rentabilizar nuestras debilidades aprovechando las garantías de un Estado de Derecho que los protege cuando ellos buscan minarlo en beneficio propio.

Con todo lo dicho, (y lo que podría decirse) lo que me parece una burla a sus propios votantes y un menosprecio a la inteligencia de los demás, es su pretensión de legitimar los pactos que rechazó -que ahora ve como inevitables- a través de una consulta a su militancia. ¿Cómo pueden validar unos cuantos miles lo que millones de votantes no vieron reflejado en el programa del PSOE? ¿No es verdad que la nueva convocatoria electoral pretendía eludir el pacto PSOE-PODEMOS haciendo posible otras opciones? Si no, ¿cuál fue su sentido?

Aunque la militancia socialista, (miles) vote y apruebe masivamente esos pactos, no dejarán de representar una estafa más a la mayoritaria voluntad de los españoles (millones).

La responsabilidad de semejante error, corresponde -en una u otra medida- a todos los partidos constitucionalistas que no supieron ver más allá de sus confusos intereses la necesidad de un pacto de Estado que aborde el momento con toda la rotundidad democrática de un Estado de Derecho puesto a prueba como nunca antes en democracia.

El error cometido, algún partido lo ha pagado más allá de lo razonable. Posiblemente la sociedad española también lo haga por las mismas razones.

¡Qué Dios nos coja confesados!

 

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