Libros rescatados del olvido

librousi

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Parece que la edición en papel en cuanto a libros se refiere, está perdiendo fuelle a favor de las nuevas tecnologías, de manera que hoy, un porcentaje que crece un día tras otro de las acostumbradas lecturas, se realizan en edición digital. También está creciendo la aceptación del audio libro. No sé si a la larga las ediciones convencionales en papel desaparecerán parcial o totalmente, pero eso será cuando la gente de mi generación desaparezca. No consigo transmitir ni siquiera a los míos el placer, la comunión que se establece con el libro de toda la vida. Su contenido, y hasta su autor te acompañan a lo largo de tu existencia como fieles compañeros a los que puedes recurrir cada vez que los necesitas. Para mí, sigue siendo un placer rescatar el polvoriento ejemplar de aquella obra que me hizo pensar, crecer, y hasta soñar. Curiosamente, releo más mis obras de referencia que las nuevas publicaciones que me aconsejan. Hoy, coincidiendo con mi esposa en cuanto a tiempo disponible, estamos reestructurando nuestra vieja y querida biblioteca. Son muchos los contenidos que al ir yo madurando ya no tienen el peso del pasado. Pero otras obras se dimensionan releyéndolas y justificando así el interés que en mí generaron.

Entre los primeros, descubro que todavía conservo aquella colección “Otros mundos” de Plaza Janés, cuyos contenidos me hicieron soñar con otras civilizaciones, enigmas y misterios, extraterrestres, y todos aquellos temas que hicieron que jóvenes de catorce o quince años se iniciaran en la lectura, y posteriormente en la investigación de ciertos temas con más seriedad. Quizás alguno de ustedes recuerde “El retorno de los brujos” de Louis Pawels y Jacques Bergier donde se nos introdujo en el llamado realismo fantástico como un nuevo enfoque de los misterios del pasado. También recuerdo con cariño “El Misterio de las Catedrales” de Fulcanelli que despertó en mí el interés por los lenguajes secretos de los constructores de catedrales durante el medievo. Louis Charpentier, Gérard de Séde, Peter Kolosimo entre otros muchos provocaron mi interés, y en algún momento casi una pasión que con el tiempo derivó en temas menos heterodoxos, y más fundamentados. Pero de aquel entonces me queda el recuerdo de los mejores momentos, las mejores tertulias, y magníficas exploraciones en grupo en busca de nuestro particular “Santo Grial”.No hubo iglesia, castillo o construcción, que no despertara nuestro interés ante la perspectiva de descubrir algo parecido a lo que reflejaban nuestras lecturas. ¡Qué buenos tiempos!

Otras obras casi olvidadas he rescatado en el día de hoy. “Juicio Universal” de Giovanni Papini, “Gog” y también “El Libro Negro” del mismo autor, fueron durante años libros de cabecera. Los había perdido de vista, pero volverán a ocupar el espacio que les corresponde pese al tiempo transcurrido. También “Narciso y Goldmundo” de Herman Hess ha aparecido medio oculto y polvoriento en un rincón. Pensaba que lo había perdido. Otra agradable sorpresa.

Tengo la sensación de que mi energía en cuanto a inquietudes exploratorias se refiere ha disminuido considerablemente. Hubo un tiempo, en que la ruta cátara por el Sur de Francia me era muy familiar con Montsegur como punto final de un peregrinaje habitual cada cierto tiempo. También fue interesante la visita con 23 años a Rennes le Château cuando Gérard de Séde publicitó su existencia.

Esa y otras inolvidables experiencias tuvieron sentido en una época en que el conocimiento de estos lugares y su significado era el fruto de una inquietud y repetidas visitas a las escasas bibliotecas donde estos temas se abordaban. Entiendo que la situación ha evolucionado, aunque no sabría decir en qué sentido, pero quienes descubrieron como yo los moais de la isla de Pascua, las imposibles y ciclópeas construcciones de Baalbeck, el misterio de Nan Madol, el universo paralelo sugerido por las civilizaciones precolombinas y sus construcciones… como digo, quienes eso compartieron también comparten un vínculo entre ellos difícil de repetir en un mundo globalizado, carente de ese romanticismo que da sentido a la exploración in situ de la historia y sus misterios.

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