La debilidad de un régimen

La debilidad de un régimen

La debilidad de un régimen

En algún momento leí, que la debilidad de un régimen, se manifiesta por su creciente vehemencia en la defensa de sus falacias. Si eso fuera cierto, los supremacistas del nacionalismo catalán tendrían sus días contados, dada su creciente histeria, y su alocada huida hacia el abismo.

Por ahora, mantienen la ilusión que les permite identificarse con los heroicos defensores de una causa justa. No importa que los hechos demuestren claramente que son los acólitos de un régimen totalitario, xenófobo o algo peor. Se adornan con las cualidades que los redimen, y acto seguido pisotean su significado sin conmoverse.

En su universo invertido, es posible delinquir, pisotear la constitución que hace posible su tóxica presencia, perseguir a quienes se oponen a su tiránica y asfixiante ideología, despreciar a la persona y ningunearla descaradamente en nombre de una idea de libertad, de una percepción tan retorcida de la democracia, que ambos conceptos pierden su significado.

Hace años que la estrategia del secesionismo les dio el resultado anhelado por sus líderes. Podían perder toda legitimidad, cometer los actos más infames, expoliar a propios y extraños y aun así, conservarían el control de la finca. Las calles siguen siendo suyas, las instituciones están al servicio de su arbitrariedad, siguen vendiendo sus falacias y contradicciones, sin que sus acólitos reaccionen ante la indignidad de semejante manipulación. Ayer en Mataró, sufrimos un ejemplo de lo que ya viene siendo habitual en este mundo al revés. Unos energúmenos boicotearon a quienes, con los permisos pertinentes , se manifestaron pacíficamente a favor del orden constitucional y los valores de la democracia que es de todos y para todos. Una vez más, volcaron su rabia e intolerancia, insultando o acusando de “feixistes” a aquellos que sufrían su acoso, sin darse cuenta de la ironía implícita.

Estamos solos. No tenemos más opción que resistir, o salir huyendo. Resistir significa no permitir que nos ignoren, que nos borren del relato como si fuéramos sombras sin sustancia. Tampoco parece razonable competir con unas reglas trucadas. Cambiar el formato, ser más quirúrgicos y eficaces, se impone como estrategia.

Unir los recursos y la inteligencia de la resistencia, debería ser una prioridad, capaz de imponerse a las diferencias. Eso me gusta pensar.

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