La Agencia Tributaria ha dado luz verde para personarse, a través de la Abogacía del Estado, en la pieza separada sobre las joyas halladas en la oficina de José Luis Rodríguez Zapatero. La mañana política venía cargada de titulares reciclados, pero este tiene brillo propio: casi 80 piezas, una tasación de 1,3 millones y un juez de la Audiencia Nacional preguntando si aquí falta algo más que una factura enmarcada.
El joyero que nadie quería abrir
En la política española hay crisis que llegan con plasma, otras con informe de la UCO y algunas, más barrocas, con caja fuerte. La noticia de la mañana es que Hacienda se personará en la investigación de las joyas intervenidas al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, dentro de una pieza separada del caso Plus Ultra. No es una condena, no es una sentencia y conviene repetirlo antes de que el tertuliano de guardia se ponga el mazo de juez comprado en bazar: es un movimiento procesal para defender, si procede, los intereses de la Hacienda Pública.
La clave está en que el juez José Luis Calama, de la Audiencia Nacional, ofreció a la Agencia Tributaria personarse como potencial perjudicada por hechos investigados relativos a posibles delitos contra la Hacienda Pública y de contrabando. Y Hacienda, según fuentes citadas por varios medios, ha trasladado su criterio favorable para que sea la Abogacía del Estado quien entre en la causa. Traducido del idioma institucional: el Estado no quiere mirar el escaparate desde la acera; quiere pasar al local y revisar el inventario.
La política del quilate
El asunto tiene todos los ingredientes que vuelven loco al ecosistema político: un expresidente socialista, una causa judicial, una aerolínea rescatada, joyas valoradas en torno a 1,3 millones de euros y la eterna pregunta española, esa que vale para una factura, un ático o una pulsera: “¿y esto de dónde sale?”. La Policía encontró las piezas en una caja fuerte durante un registro en la oficina madrileña de Zapatero. Él declaró el pasado 17 de junio y, según las informaciones publicadas, no explicó entonces el origen de las joyas, aunque anunció que lo haría más adelante.
Ese “más adelante” en política es una unidad de tiempo fascinante: puede significar mañana, cuando escampe, después de las europeas o cuando se extinga el Sol. De momento, lo que hay es una investigación abierta y una personación de Hacienda que eleva el asunto del cajón de los rumores al archivador serio de los procedimientos. La diferencia entre el ruido y el expediente es que el expediente tiene membrete.
El Gobierno vende normalidad, la oposición compra munición
Desde el Ejecutivo se insiste en que la decisión es técnica, habitual cuando se investigan posibles perjuicios para la Hacienda Pública. Y puede serlo. Pero la política no vive de la pureza técnica, sino del ángulo de cámara. Si una directora de la Agencia Tributaria dimite en plena tormenta informativa, aunque oficialmente se hable de relevo pactado y motivos profesionales, la oposición no necesita montar una tesis doctoral: le basta con encender el ventilador y dejar que el polvo haga de editorial.
El PP ya venía presionando por este flanco, pidiendo explicaciones sobre la posición del fisco y usando el caso para meter a Zapatero en el gran álbum de sospechas que rodea al Gobierno. No hace falta exagerar nada para entender por qué el asunto pesa. Zapatero no es un ex alto cargo cualquiera: es expresidente del Gobierno, figura simbólica del PSOE y una presencia que el sanchismo ha usado muchas veces como patrimonio moral de la casa. Cuando el patrimonio moral acaba compartiendo titulares con patrimonio joyero, el chiste se escribe solo.
Presunción de inocencia, pero con focos
La cautela es obligatoria. Zapatero conserva intacta su presunción de inocencia y será el juzgado quien determine si las sospechas tienen recorrido penal o se quedan en barro político. Pero la relevancia pública está servida: la entrada de la Abogacía del Estado cambia la temperatura del caso porque ya no hablamos solo de una incógnita privada sobre unas joyas, sino de un posible interés de Hacienda en una pieza judicial concreta.
Y ahí está el retrato de esta mañana: un país que desayuna portadas con regularizaciones, expulsiones, dimisiones y sumarios, pero se queda mirando el brillo de una caja fuerte porque simboliza algo más que un lote de piezas caras. Simboliza la sospecha recurrente de que en España los cajones importantes nunca están vacíos; solo esperan a que alguien consiga la orden para abrirlos.
Hoy la política no ha entrado por la puerta grande. Ha entrado por el joyero, con la Abogacía del Estado tomando nota y todos fingiendo que esto no va a alimentar tres semanas de titulares.