El procesismo

El “Procés” murió, y el “procesismo” tomó el relevo.

Este hecho ya lo pronosticaron y denunciaron algunos de los principales prebostes del nacionalismo cuando vieron frustradas sus expectativas. Pero ¿qué es el “procesismo”?

Al principio, esta palabreja sirvió para denunciar lo que amenazaba con ser una interminable secuencia de reclamaciones, falsas promesas, tensiones “lazistas”… en definitiva el recurso para mantener tensionadas a sus bases, que no se les desmovilizaran, y sobre todo conservar el usufructo del cortijo, porque (que nadie lo dude) aquí no se trata de referéndums, libertades o independencia.

Eso solamente es pienso para quienes son seducidos o simplemente les satisface ser engañados. Estamos hablando de poder. El poder de ordeñar la vaca, en su propio beneficio.

En Cataluña ya en los tiempos del franquismo la oligarquía catalana obtuvo beneficios en su relación con la dictadura sin que eso los haya traumatizado, y mucho menos pasadas cuentas. Más bien al contrario.

Listos y previsores como son, y conocedores de los resortes del poder, supieron colocar a sus vástagos, (como hacen los cuclillos) en las diferentes opciones políticas que auguraban relevar al antiguo sistema.

Así no es extraño encontrar familias que depositaron un huevo en cada uno de los partidos políticos. Eso explica muchos de los acontecimientos de los últimos años, donde de forma natural los trasvases de un partido a otro de signo contrario se dieron con facilidad sin ningún escrúpulo, apuntándose al independentismo desde el socialismo, Iniciativa, Convergencia etc. cuando se habían mostrado contrarios a él hasta que la gran causa se impuso.

Por eso será difícil si no imposible, que haya un relevo a quienes creyéndose ungidos por la Providencia se atribuyen el derecho a gobernar, y si no, a controlar los resortes del poder a través de las instituciones y el tejido socio-económico que han construido durante décadas.

Por eso no es extraña, la desvergüenza con que algunos personajes menores reclaman su parte del botín. Quienes estamos al tanto de estos episodios no nos sorprendemos ni de la abundancia de estos oportunistas, ni de la miseria que estos encierran. Por ejemplo: no hace mucho se filtró una conversación telefónica donde Pilar Rahola exigía con autoridad que un tercero reclamara a Puigdemont su intermediación con el director de TV3 para que le devolviera la cuota de intervenciones en este medio, y con ella las compensaciones económicas asociadas. Lo hacía indignada, y con el tono de quien demanda la recompensa merecida a su activismo, y su cualificada entrega. Como ella, son infinidad los cortesanos que reclaman y reciben las compensaciones que justifican su fidelidad y ciego entusiasmo.

Como anécdota y ejemplo del esperpento que rodea el “procesismo”, en los últimos tiempos hemos tenido conocimiento de un grupito de energúmenos que pretendían animar al huido Puigdemont con supuestos contactos con la administración rusa, asegurando el interés de este país por enviarnos unos cuantos miles de soldados como garantía y protección.

Esta tontería no merecería consideración si no fuera un juez quien la investiga en un contexto en el que lo que sí ha trascendido es que cada uno de los miembros de este grupito recibía los beneficios acostumbrados a través de contratos con la Generalitat, de dudoso contenido y utilidad. Aquí me quedo, que me estoy alargando demasiado.

Un saludo.

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