Señoras y señores, abróchense los cinturones que vamos a emprender un viaje fascinante por las entrañas del ferrocarril español. Pero ojo, no se emocionen demasiado: este tren no va rápido. De hecho, va tan lento que hasta las carretas del siglo XIX lo adelantan por la izquierda. Y no, no es por precaución. Es porque las vías están en un estado tan lamentable que si intentáramos circular a la velocidad prevista, acabaríamos más deprisa en el cielo que en Barcelona.
Pero tranquilos, que aquí nadie se preocupa. Total, solo hemos gastado 144,7 millones de euros del dinero público en mantener esas vías. ¿Que no funcionan? Bueno, detalles, meros detalles. Lo importante es quién se ha llevado esos milloncitos a casa. Y ahí es donde la cosa se pone jugosa, jugosísima, tan jugosa que gotea por todos lados.
El Casting de Siempre: Azvi y Acciona, las Estrellas del Reparto
Resulta que Adif, esa entidad pública que gestiona nuestras infraestructuras ferroviarias con la eficiencia de un caracol con artritis, decidió contratar a dos Uniones Temporales de Empresas para el mantenimiento del AVE Madrid-Barcelona. Y oh, casualidad, entre las empresas elegidas están Azvi y Acciona. ¿Les suenan esos nombres? Pues deberían, porque aparecen más veces en la trama de corrupción del PSOE que Pedro Sánchez en una sesión de fotos.
Azvi, para quien no esté al día en el santoral de la corrupción patria, es esa constructora sevillana tan maja que decidió contratar como «asesores» a Koldo García y a su señora esposa por la módica suma de 6.000 euros mensuales. Sí, han leído bien: 6.000 eurazos al mes para que Koldo, ese prodigio de la consultoría internacional, les aconsejara sobre… ¿sobre qué exactamente? Nadie lo sabe. Ni siquiera Anticorrupción ha logrado encontrar pruebas de que esa consultora hiciera absolutamente nada. Pero oigan, pagaban bien, que es lo importante.
Y por si eso fuera poco, Koldo tenía una prima de éxito del 0,75% del monto total de cada proyecto, con un tope de 350.000 euros por operación. Vamos, que el hombre cobraba más por no hacer nada que la mayoría de españoles trabajando cuarenta horas semanales. Eso sí es eficiencia, señores. Eso sí es saber dónde está el chollo.
Acciona: Cuando Servinabar Es Tu Mejor Amiga
Por el otro lado tenemos a Acciona, esa multinacional tan respetable y seria que formó una UTE con Servinabar. ¿Y quién era el dueño al 45% de Servinabar? Pues nada menos que Santos Cerdán, ex secretario de Organización del PSOE. Ese mismo Santos Cerdán que ahora está en el punto de mira de la justicia por su presunta participación en la trama.
La relación entre Acciona y Servinabar comenzó en 2015, justo cuando Servinabar acababa de constituirse. Qué oportuno, ¿verdad? A los pocos días de nacer, ya tenían un acuerdo marco con una multinacional para «explorar futuras oportunidades de negocio». Servinabar se llevaría un 2% de cada proyecto. Un 2% que, multiplicado por los millones que mueve Acciona, se convierte en una cantidad nada desdeñable.
¿Y quién firmó ese acuerdo por parte de Acciona? Justo Vicente Pelegrini, ex director de Construcción de Acciona para España, actualmente investigado. Junto a él, Tomás Olarte Sanz y Manuel José García Alconchel, también de Acciona, también investigados. Vamos, que Acciona tiene más gente investigada que un episodio de CSI.
144 Millones para el «Óptimo Estado» (Del Bolsillo de los Amiguetes)
Adif se jactó en 2023 de haber destinado 144,7 millones de euros para el «mantenimiento de las instalaciones del corredor de alta velocidad noreste». Palabras bonitas, ¿eh? «Mantenimiento», «conservación», «mejora», «indicadores óptimos de estado». Todo suena muy técnico, muy profesional, muy serio. Hasta que descubres que las vías están tan mal que han tenido que reducir la velocidad de 300 km/h a 160 km/h. Casi nada, solo hemos perdido casi la mitad de la velocidad.
Pero oye, que el comunicado de Adif era precioso. Hablaban de «mantenimiento preventivo», de «mantenimiento correctivo para actuar con inmediatez en caso de incidencia», de «mantener indicadores óptimos de estado y prestación de servicio». Pura poesía ferroviaria. Lástima que la realidad sea un poco más prosaica: vías en mal estado, trenes lentos, y 144 millones repartidos entre las empresas de siempre.
El proyecto se dividió en dos lotes. El primero, para las bases de Brihuega y Calatayud, se llevó 59,6 millones. Lo adjudicaron a una UTE formada por Comsa, Acciona Construcción (otra vez Acciona, qué casualidad), Tecsa Empresa Constructora, y Vías y Construcciones. El segundo lote, para las bases de Montagut, Villafranca del Penedés y Sant Feliu de Buixalleu, costó 85,1 millones. Este se lo llevó la UTE de Contratas y Ventas, Azvi (ahí está otra vez), Ferrovial Construcción, y Agrupación Guinovart Obras y Servicios Hispania.
Vamos, que han repartido el pastel entre las empresas amigas con la misma generosidad con la que un padre reparte caramelos entre sus hijos. Solo que estos caramelos son millones de euros del contribuyente y estos «hijos» tienen vínculos más que sospechosos con el partido en el gobierno.
El Mantenimiento que No Mantiene Nada
A pesar de los 144 millones gastados, de los contratos firmados, de las promesas de «inmediatez» y «óptimo estado», resulta que las vías siguen estando mal. Tan mal que Adif ha tenido que reducir el límite de velocidad en dos ocasiones esta misma semana. De 300 km/h a 160 km/h en casi una cuarta parte de la vía. Es decir, que hemos pagado una fortuna por un mantenimiento que no mantiene, por una conservación que no conserva, y por una mejora que no mejora.
Las denuncias por el mal estado de las vías se han venido repitiendo en los últimos años. Pero claro, ¿para qué preocuparse por eso cuando el dinero ya está en las cuentas de las empresas amigas? Lo importante no es que el servicio funcione. Lo importante es que los contactos cobren.
Koldo García: El Consultor Fantasma
Volvamos un momento a Koldo García, porque su historia merece capítulo aparte. Este hombre, asesor del ex ministro José Luis Ábalos, montó una consultora llamada Erikapat junto a su esposa. Y Azvi, generosa como ella sola, les contrató por 6.000 euros al mes, más una prima de éxito que podía llegar a 350.000 euros por proyecto.
¿Y qué hacía exactamente Erikapat? Pues nadie lo sabe. Anticorrupción y el juez han buscado evidencias de actividad real de esa consultora y no han encontrado nada. Cero. Nada de nada. Pero eso sí, cobraban religiosamente todos los meses. El contrato estaba «especialmente orientado a zonas de Sudamérica», donde Grupo Azvi quería potenciar su presencia. Porque claro, cuando quieres expandirte internacionalmente, lo primero que necesitas es contratar al asesor del ministro de Transportes. Tiene toda la lógica del mundo. O ninguna, según se mire.
Cuando estalló la investigación, Azvi rompió el contrato con Koldo más rápido que un político rompe una promesa electoral. Fue el 27 de febrero de 2024, y lo hicieron constar en un escrito oficial muy solemne. Y además añadieron un detalle jugoso: la relación contractual se había establecido sin que los «responsables correspondientes» en Grupo Azvi supieran nada. Vamos, que el contrato se firmó solito, por generación espontánea. Un milagro del capitalismo de amiguetes.
Santos Cerdán y la Magia de Servinabar
Y si Koldo es el rey del enchufismo, Santos Cerdán no se queda atrás. Este señor, ex secretario de Organización del PSOE, era dueño al 45% de Servinabar junto a su socio y «amigo» Antxon Alonso. Y Servinabar, por arte de magia, consiguió formar una UTE con Acciona para el proyecto de Mina Muga en Navarra en 2015.
La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil sitúa en ese proyecto el origen no solo de la UTE sino de toda la presunta trama. Es decir, que Mina Muga no fue solo un proyecto de construcción, fue la semilla de una red de corrupción que ha salpicado a medio PSOE.
El acuerdo entre Acciona y Servinabar se firmó a los pocos días de constituirse Servinabar. Velocidad supersónica para montar un chiringuito. Y Acciona, tan amable, les concedió un 2% de todos los proyectos futuros. Un detalle precioso entre amigos.
El PSOE: La Marca que Todo lo Toca
Lo fascinante de todo este asunto es la capacidad del PSOE para estar presente en cada rincón de la corrupción ferroviaria. Es como si hubieran montado una franquicia: «Corrupción PSOE, abrimos en su ciudad». Azvi contrata a Koldo. Acciona se une a la empresa de Cerdán. Y ambas compañías terminan manteniendo el AVE Madrid-Barcelona con fondos públicos.
Es un círculo perfecto. El partido está en el gobierno, el gobierno contrata a empresas amigas, las empresas amigas contratan a miembros del partido o tienen socios del partido, y todos contentos. Bueno, todos menos los ciudadanos, que pagamos los platos rotos y además tenemos que viajar en un AVE a 160 km/h porque las vías están en mal estado a pesar de los 144 millones gastados.
La Hipocresía Institucional
Lo más indignante de todo este circo no es solo el dinero desviado, los contratos amañados o las empresas fantasma. Lo más indignante es la cara de inocencia con la que todos estos personajes siguen actuando. Adif emite comunicados pomposos hablando de «indicadores óptimos» mientras las vías se caen a pedazos. Las empresas niegan conocer los contratos que ellas mismas firmaron. Los políticos se desvinculan de las empresas de las que son dueños. Y la justicia va tan lenta que para cuando se dicte sentencia, todos estarán jubilados en algún paraíso fiscal.
Mientras tanto, el ciudadano de a pie sigue pagando impuestos para financiar este teatro del absurdo. Seguimos subiendo a trenes que van lentos porque nadie mantiene las vías. Seguimos viendo cómo los mismos nombres aparecen una y otra vez en cada escándalo. Y seguimos fingiendo que esto es normal, que así funcionan las cosas, que no hay alternativa.
Adif: La Empresa Pública del Desastre
Hablemos un momento de Adif, esa joya de la corona de las empresas públicas españolas. Adif es la encargada de gestionar las infraestructuras ferroviarias del país. Y lo hace con una eficiencia que haría sonrojar a una tortuga. Esta es la misma empresa que desmontó los controles de seguridad independientes y dejó el mantenimiento en manos de cargos políticos. Sí, han leído bien: eliminaron los controles de seguridad independientes. Porque claro, ¿para qué queremos que alguien ajeno a la empresa revise si todo está bien? Mejor que lo hagan los mismos que cobran por hacer el trabajo, que seguro que serán objetivos e imparciales.
Y ahora resulta que Adif notificó cuatro incidencias en el último año en la línea Madrid-Barcelona. Cuatro incidencias que, aparentemente, no fueron suficientes para que alguien dijera «oye, igual deberíamos revisar esto con más cuidado». No, preferimos esperar a que las vías estén tan mal que haya que reducir la velocidad a la mitad. Total, ¿qué prisa hay? Si el AVE llegaba en dos horas y media, ahora llegará en cuatro. Solo es una hora y media más. El tiempo no es dinero… ah, espera, sí que lo es. Pero no es nuestro dinero, así que da igual.
El Gobierno de la Indiferencia
Y mientras todo esto ocurre, el gobierno mira hacia otro lado con la parsimonia de quien no tiene ninguna responsabilidad en el asunto. Ministros que se lavan las manos, secretarios de estado que desconocen lo que ocurre en sus ministerios, y un presidente que siempre está demasiado ocupado en sus asuntos importantes como para preocuparse por estas nimiedades.
Porque claro, ¿qué importa que las empresas vinculadas a la trama del partido estén manteniendo mal las infraestructuras críticas del país? ¿Qué importa que hayamos gastado 144 millones en un servicio que no funciona? ¿Qué importa que los mismos nombres aparezcan una y otra vez en cada escándalo de corrupción? Nada de eso importa cuando tienes poder y sabes que el sistema te va a proteger.
La Impunidad como Norma
Lo verdaderamente aterrador de esta historia no son los hechos en sí, que ya son graves. Lo aterrador es la sensación de impunidad que desprende todo el asunto. Estas empresas, estos políticos, estos «asesores» saben que no va a pasar nada. Saben que la justicia es lenta, que la opinión pública tiene memoria de pez, y que para cuando este caso se resuelva, ya habrá otros diez escándalos nuevos que acaparen la atención.
Azvi rompió su contrato con Koldo cuando estalló la investigación, pero solo por imagen. El daño ya estaba hecho, el dinero ya había sido transferido, y los servicios prestados (o más bien no prestados) ya habían sido cobrados. Romper el contrato es solo un gesto cosmético, un «ay, perdón, no sabíamos nada» que no engaña a nadie pero que sirve para aparentar que la empresa es responsable.
El Contribuyente: El Gran Olvidado
En medio de todo este circo, hay un personaje que siempre sale perdiendo: el contribuyente. Ese ciudadano anónimo que paga sus impuestos religiosamente, que cumple con sus obligaciones, y que luego ve cómo su dinero acaba financiando una red de corrupción que no beneficia a nadie excepto a los implicados.
Somos nosotros los que pagamos esos 144 millones. Somos nosotros los que tenemos que viajar en trenes lentos porque las vías están mal mantenidas. Somos nosotros los que sufrimos las consecuencias de un sistema corrupto e ineficiente. Pero claro, nosotros no tenemos amigos en el ministerio, no tenemos empresas fantasma, y no cobramos comisiones millonarias por no hacer nada.
Conclusión: El Tren de la Vergüenza
Al final, esta historia del AVE Madrid-Barcelona no es más que un síntoma de un problema mucho más grande. Es el reflejo de un sistema podrido donde los contactos importan más que la competencia, donde el dinero público se reparte entre amigos, y donde nadie rinde cuentas por nada.
Podemos seguir leyendo noticias como esta y encogernos de hombros, resignados a que «así son las cosas en España». O podemos empezar a exigir que se depuren responsabilidades de verdad, que se devuelva el dinero malversado, y que se castigue a los culpables con contundencia.
Mientras tanto, el AVE Madrid-Barcelona seguirá circulando a 160 km/h, las vías seguirán deteriorándose a pesar de los millones invertidos, y las empresas vinculadas a la trama del PSOE seguirán cobrando por un trabajo que no hacen bien. Porque en este país, la corrupción no solo viaja en AVE. A veces, la corrupción ES el AVE.
Y así, señoras y señores, es como se construye (o más bien se destruye) un país: contrato a contrato, millón a millón, escándalo a escándalo. Bienvenidos al tren de la vergüenza, donde el único destino seguro es la impunidad y el único equipaje que importa es el maletín lleno de billetes. Próxima estación: más de lo mismo.