Ábalos rompe el pacto de silencio y el PSOE le declara la guerra: «Es peligroso y deleznable»
La bomba ha estallado.
Y vaya si ha estallado.
José Luis Ábalos ha decidido abrir la caja de Pandora y señalar directamente a Pedro Sánchez y, sobre todo, a Begoña Gómez. El que fuera mano derecha del presidente ha roto todas las reglas del juego. Y en Ferraz están que trinan.
Resulta que había un pacto. Nada escrito, nada firmado, pero existía. Una especie de «tú callas, yo callo» que mantenía la paz entre el PSOE y su ex ministro caído en desgracia. Un pacto de no agresión que funcionaba de maravilla hasta esta semana. Pero claro, cuando te meten en la cárcel, los pactos saltan por los aires.
La guerra está servida: adiós a la bandera blanca
Ábalos ya no tiene nada que perder. O eso parece. El miércoles, un día antes de enterarse de si iba a entrar en prisión, decidió soltar la primera bomba en redes sociales: confirmó que Sánchez se reunió con Otegi en 2018. Algo que La Moncloa niega con vehemencia y que el presidente calificó de «mentira».
Pero José Luis no se cortó un pelo. «Sólo puedo decir lo que me contaron fuentes presenciales, y es que esa entrevista existió», escribió. Y ahí empezó todo.
En el Ejecutivo se quedaron de piedra. «¿Qué pasa con José Luis?», se preguntaban alucinados. No daban crédito. El hombre todopoderoso del PSOE entrando en guerra contra su propio partido. «No es su estilo», confiaban todavía algunos ingenuos.
Pero el jueves llegó el mazazo definitivo. El juez Leopoldo Puente decreta prisión sin fianza para Ábalos y Koldo García por riesgo «extremo» de fuga. Y ahí es cuando el ex ministro decide lanzar su mayor misil: una entrevista donde pone el foco directamente en Begoña Gómez y su papel en el rescate de Air Europa.
Los truenos y relámpagos se desatan. La tormenta ya no está contenida. «Hay gente que se trastorna en los procesos judiciales», señalan con retintín desde fuentes gubernamentales. Traducción: Ábalos ha perdido la chaveta.
«Peligroso y deleznable»: el PSOE carga contra su ex número dos
El PSOE ya no guarda las formas. Se acabó la elegancia. «No hemos ido contra él», explican fuentes socialistas intentando justificarse. «No somos la acusación, no somos los que le estamos hundiendo la vida».
Pero ahora sí van a ir. Y con todo.
Patxi López, portavoz parlamentario socialista, fue el primero en disparar: «Lamento esta estrategia de defensa que tiene Ábalos, pero no es creíble». Distintos miembros del partido admiten que había un fair play tácito, un pacto de caballeros no escrito. Que ahora ha saltado por los aires.
Y entonces llega la frase demoledora: «José Luis se ha revuelto contra nosotros sin motivo. Y encima con mentiras. Se ha convertido en un elemento peligroso y deleznable para nosotros».
Ahí lo tenemos. El PSOE acaba de tirar a Ábalos a los leones. Y lo han hecho con saña.
«Por esto no vamos a pasar, somos el Gobierno de España», braman enfadados desde La Moncloa. El viernes, María Jesús Montero personificó ese enfado y advirtió a Ábalos de que el Ejecutivo «no se va a dejar chantajear» ni aceptar «mentiras o bulos».
Montero defendió que el rescate de Air Europa fue una operación «investigada, auditada, fiscalizada por todo el mundo». Por supuesto que sí, María Jesús. Todo limpio y transparente como el agua cristalina.
Pero quien realmente ha ido a degüello ha sido Diana Morant, ministra de Ciencia y líder de los socialistas valencianos. Ha llamado a Ábalos, Koldo y Cerdán directamente «tres sinvergüenzas». Y ha calificado de «indecente» que el ex ministro se quiera «parapetar» detrás de su acta de diputado. «Si le queda algo de decencia política, lo que tiene que hacer es renunciar», soltó sin pelos en la lengua.
Claro, lo que quieren es que Ábalos deje su escaño para que vuelva al PSOE. Porque necesitan cada voto como agua de mayo. Sin Ábalos y con la ruptura de Junts, la legislatura está más muerta que viva.
Sánchez calla y deja que Montero y Morant den la cara
No es casualidad que mientras Sánchez y el resto de ministros mantienen un silencio sepulcral, sean Montero y Morant las que salen con las espadas desenvainadas.
Montero lo hace como vicesecretaria general del PSOE, como la número dos del partido. Fuentes socialistas dicen que «hay que proteger» a Sánchez. Claro, no vaya a ser que se manche las manos. Las fuentes consultadas confirman que las palabras de ambas ministras están «avaladas y consensuadas» con el jefe del Ejecutivo. O sea, que Pedro da el visto bueno pero deja que otras den la cara. Astuto.
Y Morant es el mensaje en clave valenciana. Porque Ábalos es de esa comunidad y hay que dejar claro que allí tampoco le quieren.
En La Moncloa insisten en que viven esta tormenta con «tranquilidad». El jueves no montaron ningún gabinete de crisis, aunque admiten que ver a Ábalos entrando en prisión es una «imagen dura», una «situación grave» y «dolorosa».
«Es verdad que ves los medios y parece que se acabe el mundo. Pero aquí no tenemos la sensación de que sea real», dicen miembros del Gobierno intentando autoconvencerse. Y como prueba de que todo está bajo control, exhiben la subida del 11% hasta 2028 para los funcionarios. Porque cuando tu ex número dos entra en la cárcel, lo mejor es hablar de subidas salariales. Distracción nivel experto.
Begoña Gómez, el objetivo perfecto de Ábalos
Saben en el Gobierno que quedan días de «zozobra». Esperan más dardos de Ábalos. Y tienen claro por qué señala a Begoña Gómez: porque sabe que es uno de los temas que más mella hace en Sánchez.
El presidente proclama la «inocencia» de su mujer y asegura que no tuvo «nada que ver» con el rescate de Air Europa. Lo dijo en la comisión de investigación del caso Koldo en el Senado. Y todos tan contentos.
El análisis que hacen en el Ejecutivo es que los ataques de Ábalos obedecen a «una estrategia de defensa». Que intenta «implicar a otras personas» esperando que eso «le puede aportar un beneficio en términos de su sentencia». Básicamente, que José Luis está en modo supervivencia y va a llevarse por delante a quien haga falta.
El pacto de silencio se ha roto. La guerra entre el PSOE y Ábalos acaba de empezar. Y esto promete ser largo, sucio y lleno de sorpresas. Porque cuando un ex ministro que lo sabe todo decide abrir la boca, nunca se sabe dónde va a terminar el desastre.
Ábalos ya no tiene nada que perder. El PSOE, en cambio, tiene mucho que ocultar. Perdón, que proteger. Y Sánchez observa desde la distancia mientras sus ministras hacen el trabajo sucio.
Territorio inexplorado, lo llaman. Nosotros lo llamamos el principio del fin de un pacto de silencio que nunca debió existir. Porque en democracia, los pactos para no contarse las vergüenzas no deberían tener cabida.
Pero aquí estamos. Con Ábalos en prisión, el PSOE echando espuma por la boca, Begoña Gómez en el punto de mira y Sánchez intentando salir indemne de este baño de barro.
Esto no ha hecho más que empezar. Y el final promete ser épico.